Biografía escrita por Rafaella Pilo Gallisai. Dra. en Historia Moderna, profesora de la Universidad de Cagliari (Cerdeña), experta en la familia Montcada.


Luis Guillermo Moncada-Aragón y la Cerda. Príncipe de Paternò (V), duque de Montalto (VII) y de Bivona (V), conde de Caltanissetta, Collesano, Adernò, Sclafani, Caltabellota y Centorbì, barón de Melilli, de Motta S. Anastasia, de Belice, de San Bartolomeo y de Malpasso. Cardenal, miembro del Consejo de Estado, gentilhombre de cámara de Felipe IV, mayordomo mayor de la reina regente Mariana de Austria, virrey y capitán general en el reino de Valencia, general de la Caballería del reino de Nápoles, virrey y capitán general en el reino de Cerdeña y presidente y capitán general ad interim en el reino de Sicilia, miembro de la Orden del Toisón de Oro, comendador de Belvís de la Sierra, tres veces Grande de España.

Palermo (Italia), 1.I.1614 – Madrid, 4.V.1672. Cardenal, miembro del Consejo de Estado, gentilhombre de cámara de Felipe IV, mayordomo mayor de la reina regente Mariana de Austria, virrey y capitán general en el reino de Valencia, general de la Caballería del reino de Nápoles, virrey y capitán general en el reino de Cerdeña y presidente y capitán general ad interim en el reino de Sicilia, miembro de la Orden del Toisón de Oro, comendador de Belvís de la Sierra, tres veces Grande de España.

Hijo segundogénito de Antonio Aragón y Moncada, VI duque de Montalto, y de Juana de la Cerda —hija del VI duque de Medinaceli y de Ana de la Cueva—, alcanzó el mayorazgo por la muerte de su hermano mayor. Se casó el 27 de noviembre de 1629 en Nápoles con María Afán de Ribera y Moura, hija del entonces virrey y capitán general de aquel reino, Fernando Enríquez de Ribera, III duque de Alcalá.

A la temprana edad de diecinueve años, fue nombrado por su suegro, que entonces había sido nombrado virrey de Sicilia, presidente y capitán general ad interim desde 1635 en el reino de Sicilia, donde tuvo que enfrentarse con los problemas de política militar y fiscal que empeñaban la Monarquía católica durante la última fase de la Guerra de los Treinta Años: por un lado, el socorro en las zonas de guerra en términos de alistamiento de hombres y recogida de víveres y, por el otro, la defensa del reino de las incursiones turcas y francesas a través de la creación de una flota propia y de la construcción de nuevas fortificaciones que sustituyesen las “ruynas” que quedaban como protección de la isla a principio del siglo xvii.

Al acabar el virreinato en 1639 y tras la muerte de su primera esposa, permaneció casi un año en Roma, donde estrechó aún más la relación con su cuñado el marqués de Castel Rodrigo, embajador de España cerca de la Santa Sede, y con algunos cardenales españoles.

Pasó los años desde 1640 hasta 1642 cuidando los intereses de su casa en Sicilia y, cuando volvió a España —primero en Zaragoza y luego en Madrid—, Felipe IV y el conde-duque de Olivares, valido del Rey en aquellos años, le propusieron la boda con Catalina Moncada de Castro, huérfana de Francisco Moncada y Cardona, III marqués de Aytona, y dama favorita de la reina Isabel de Borbón.

Hasta 1644 estuvo en Madrid, cuando fue nombrado virrey y capitán general de Cerdeña. El virreinato sardo (1644-1649), en años tan difíciles para la Monarquía católica, fue para el duque de Montalto una excelente demostración de su “capacitat de gestiò”. Los problemas de orden interno, el bandolerismo y el desorden jurisdiccional —parcialmente solucionado, este último, a través del debate de aquellos años sobre la activación de la cámara criminal de la Real Audiencia—, se sumaron a los ingentes y complicados asuntos del socorro hacia el exterior en favor de los demás reinos del sistema imperiale. El envío de hombres y medios a Cataluña, Nápoles y Sicilia constituyó el eje de su política militar y fiscal en aquella isla, que se transformó en su opinión de “nunca más que número” en el “corazón que repartió espíritus vitales a las demás provincias”.

A la conclusión de su virreinato de Cerdeña, volvió a sus estados, primero a Términi y luego a Palermo y Cartanageta (actual Caltanissetta), en compañía de su esposa y del médico y amigo Gavino Farina, el cual, originario de la ciudad de Sacer (actual Sassari) y profesor de Medicina en el colegio de la misma, estuvo al lado del duque de Montalto hasta la muerte de éste —como confirma el testamento—, ejerciendo en la Corte, aproximadamente a partir de 1660, como arquiatra de Felipe IV, de Carlos II y de la reina Mariana de Austria.

Durante su estancia siciliana, el 2 de agosto de 1651, recibió un despacho regio en el que se le encargaba el virreinato de Valencia, donde permaneció durante seis años, desde 1652 hasta 1658.

El contexto de aquellos años —aunque la Guerra de los Treinta Años se había concluido con la Paz de Westfalia (1648) y la cuestión catalana acabara de solucionarse con la entrada en Barcelona de las tropas de Juan José de Austria (1652)— se caracterizó por la continuación de fuertes tensiones entre España y Francia, que tuvieron conclusión formal sólo once años más tarde con la Paz de los Pirineos (1659). España vivió, entonces, una situación de relativa paz respecto a los años anteriores, pero cada vez más, con menor poderío y ya encaminada hacia su lento e inexorable destino. Durante el virreinato valenciano, tuvo que enfrentarse a los problemas típicos de aquel reino, que eran, en cierto sentido, muy semejantes a aquellos con los cuales ya se había enfrentado en el de Cerdeña: asegurar a la Corona el servicio militar (en términos de tropas, alimentos y dinero) y tener bajo control la situación interna complicada por una enorme difusión del bandolerismo. Tuvo que entrar, en definitiva, en aquel complicado juego de equilibrios que regía las relaciones del reino de Valencia —como de los demás reinos del sistema imperiale sin exclusión de Sicilia y Cerdeña— con Madrid a través, antes de todo, de la conquista del consenso parlamentario.

En 1658, fue nombrado embajador en Viena, misión a la que pudo negarse gracias a la intercesión del nuevo valido Luis Méndez de Haro, a cuya facción pertenecía.

Finalizada su etapa en el gobierno valenciano, se trasladó a Madrid con Catalina —que murió en 1664— y su hijo Fernando, ya conde de Cartanageta, con la clara intención, una vez conquistado su sitio en el Palacio Real, de no dejar nunca más la Corte.

A partir de 1663, fue mayordomo mayor de la Reina y con este papel fue encargado, por el Rey y el Consejo de Estado, de acompañar a la infanta Margarita María a Viena para la boda con el emperador Leopoldo. Rechazó el encargo aduciendo razones de salud y sospechando que existiera la voluntad de alejarle de Madrid y de la posición privilegiada cerca del príncipe Carlos que tenía a través de la gran intimidad con el doctor Gavino Farina, personaje muy cercano, a la fuerza, a un heredero tan enfermizo; posición que se hizo aún más privilegiada a partir del septiembre de 1665 cuando, tras la muerte de Felipe IV, el Gobierno quedó, por expresa voluntad del Rey, en manos de una Junta de Gobierno presidida por la Reina Regente durante la entera minoría de Carlos. En aquel mismo año, su hijo Fernando Aragón-Moncada y Moncada se casó con María Teresa Faxardo Toledo Portugal, hija de la marquesa viuda de Los Vélez, aya del príncipe heredero.

Su nombramiento como miembro del Consejo de Estado llegó el 15 de enero de 1666 y en junio del mismo año votó, junto con el duque de Alba, en favor de la permanencia en Madrid de Juan José de Austria, el cual, abandonada la estancia en Consuegra, donde le había relegado su padre, pretendía vivir en la Corte al lado de su hermanastro. Las vicisitudes del inquieto Juan José se enlazaron, a partir de entonces, con la vida del duque de Montalto.

El 7 de marzo de 1667, Alessandro VII Chigi, a petición de la Corte madrileña, le nombró cardenal y desde aquel momento, tras la renuncia a sus títulos y cargos en Palacio, él fue el cardenal (de) Moncada, según algunos, el “más temible enemigo de la Reina”.

Aunque no quede claro cuál haya sido el papel jugado por el cardenal Moncada en los años 1667-1669 en la relación entre Mariana de Austria y Juan José de Austria, resulta evidente que se trató de un personaje clave en el equilibrio de la Monarquía española de la década de 1660.

Las versiones sobre los acontecimientos de aquellos años —respectivamente, de los nuncios apostólicos en Madrid Vitaliano Visconti Borromeo antes y Federico Borromeo después y, por otra parte, de Everardo Nithard y de sus partidarios, los “nithardos”— son muy distintas: los nuncios reconocieron al cardenal Moncada el papel de hábil negociador entre las exigencias de la Regente y don Juan por el bien de la Corona y del futuro Gobierno de Carlos II, mientras que Nithard y los suyos vieron en él el organizador de la conjura de 1668 que condujo a la expulsión de España del padre confesor.

En 1667 y en 1670, el cardenal Moncada fue esperado en Roma en ocasión de los cónclaves para la elección papal —en el de 1670 obtuvo hasta un voto—, pero desde 1659, el lugar más lejos de Madrid que visitó, fiel a su propósito de no alejarse de la Corte, fue la finca de La Florida, a pocos kilómetros de la capital. La fama europea de que “sólo Madrid es Corte” resultaba muy clara a los ojos de quien tenía tanta experiencia en el gobierno de las provincias y que, por otra parte, conocía bien las dinámicas de la política cortesana.

Murió en Madrid el 4 de mayo de 1672 a la edad de cincuenta y ocho años. Sus restos mortales fueron trasladados en 1674, según las disposiciones testamentarias, a la iglesia de San Domenico Maggiore en Nápoles, cuna y sepulcro de sus antepasados, soberanos aragoneses de aquel reino.


Obras de ~: Relaciones de servicios. Memorial de Luis Guillem Moncada, c. 1650 (ms. en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia [BRAH], Colección Salazar y Castro, U 19); Correspondencia del Virrey de Valencia, c. 1660 (en Archivo Histórico Nacional, Estado 104); Memorial de Luis Guillén de Moncada, VII duque de Montalto, al rey Felipe IV, sobre la merced de capitán general de la caballería del estado de Nápoles, 1660 (ms. en BRAH, Col. Salazar y Castro, K 79); Memorial de servicios propios del duque de Montalto cardenal en los goviernos de Sicilia, Cerdeña y Valencia, y cavallerizo mayor, c. 1663 (ms. 12.621, en Biblioteca Nacional de España [BNE]); Memorial del cardenal Luis Guillén de Moncada y Aragón a la reina doña Mariana de Austria en el que se queja de varios abusos y le manifiesta que no tiene medios suficientes para subsistir con decoro y le suplica ponga remedio a ello, 1668 (ms. en BRAH, Col. Salazar y Castro, K 28); Testamento di Luigi Guglielmo Moncada, 1672 (en Archivio di Stato di Palermo, Protonotaro del Regno. Processi d’investiture, Busta 1617, fasc. 6196-6197).


Bibl.: A. Amico, Cronología de los Virreyes, Presidentes y de otras personas, que han governado el reyno de Sicilia, Palermo, 1640; Anónimo, Discurso elocuente sobre la muerte de la Illustrissima y Excelentissima Señora Doña María Afan Enriquez de Ribera, Princesa de Paternò, duquessa de Bivona y de Alcalá, c. 1644- 1649 (en BNE, ms. 1440); F. Mugnos, I raguagli historici del Vespro siciliano, Palermo, 1645; Teatro genologico delle famiglie nobili, titolate, feudatarie e antiche nobili del fidelissimo Regno di Sicilia viventi ed estinte, Palermo-Messina, 1647-1670, 3 vols.; G. A. della Lengueglia, Ritratti della Prosapia et heroi Moncadi nella Sicilia. Opera Historica-Encomiastica, Valenza, Vincenzo Sacco Impressor Viceregio, 1657, 2 vols.; A. Pocili, L’Idra decapitata, ovvero la risposta a’cento capi del memoriale sotto nome de’diputati del Regno di Sicilia e della città di Palermo, Vicenza, 1662; Corrispondenza del Nunzio da Madrid, 1665-1672 (en Archivio Segreto Vaticano, Segreteria di Stato Spagna, vols. 132-142); E. Nithard, Del cardenal Moncada, c. 1667 (en BNE, ms. 8360); Atti relativi al Conclave, 1667 (en Biblioteca Apostolica Vaticana [BAV], Catalogo Barberini Latino [Barb. Lat], 4436); Atti relativi al Conclave, 1670 (en BAV, Barb. Lat., 4440); Anónimo, Discurso sobre si hizo bien el emin.mo señor Cardenal de Moncada en excusarse de la embaxada de Roma, pareciendole puesto inferior a los que ha tenido desde sus primeros años en el servicio de su Mag.d, 1671 (en BnE, ms. 8180); F. Mugnos, Teatro della nobiltà del mondo, Napoli, per Nouello de Bonis stampator arciuescouale, 1680; F. Strada, Le glorie dell’Aquila trionfante, Palermo, Pietro Coppola, 1682; L. Salazar y Castro, Advertencias historicas sobre las obras de algunos doctos escritores modernos, donde con las chronicas, y con las escrituras, solicita su mejor inteligencia, Madrid, Matheo de Llanos y Guzman, 1688; V. Auria, Istoria cronologica dei signori viceré di Sicilia dall’anno 1409 sino al 1696, Palermo, Pietro Coppola, 1697; A. Mongitore, Bibliotheca Sicula, Palermo, D. Bua and A. Felicella, 1708-1714, 2 vols. (reimpr., A. Forni, Bologna, 1971); F. M. E. Villabianca, Della Sicilia nobile, Palermo, Pietro Bentivenga, 1759; G. E. di Blasi, Storia cronologica dei Viceré, Luogotenenti e Presidenti del Regno di Sicilia, Palermo, Pensante, 1867; V. Palizzolo-Gravina, Dizionario storico- araldico della Sicilia, Palermo, Editori Visconti & Huber, Tipografia Ignazio Mirto, 1871-1875; G. Pillito, Memorie tratte dall’Archivio di Stato in Cagliari riguardanti i regi rappresentanti che sotto diversi titoli governarono l’isola di Sardegna dal 1610 al 1720, Cagliari, Tip. del Commercio, 1874; A. Mango, Nobiliario di Sicilia, Palermo, A. Reber, 1912-1915, 2 vols. (reimpr. A. Forni, Bologna, 1970); F. de Spucches, La storia dei feudi e dei titoli nobiliari di Sicilia dalla loro origini ai nostri giorni (1923), Palermo, Scuola tip. Boccone del Povero, 1924, 5 vols.; N. de Estenaga y Echevarría, El Cardenal Aragón (1626-1677), Paris, Imp. E. Desfossés, 1929-1930, 2 vols.; C. Giardina, “Due lettere inedite del viceré de Los Velez sui moti di Palermo (1647)”, en separata del Atti della R. Accademia di Scienze, Lettere e Belle Arti di Palermo, vol. XVI, fasc. IV (1931); V. Spreti, Enciclopedia storico nobiliare italiana, Milano, Enciclopedia Storico-Nobiliare Italiana, 1931, 6 vols.; C. Giardina, “Un memoriale inedito del duca di Montalto a Filippo IV. Sui criteri di nomina dei viceré di Napoli e di Sicilia”, en separata del Archivio Storico per le Province Napoletane, año LX (1935); G. Maura y Gamazo, Vida y reinado de Carlos II, Madrid, Espasa Calpe, 1942, 3 vols.; G. Paladino, “Moncada”, en G. Treccani (fund.), Enciclopedia Italiana, vol. XXIII, Roma, Istituto della Enciclopedia italiana, 1949; Ll. Guía Marín, “Los estamentos valencianos y el duque de Montalto: los inicios de la reacción foral”, en Estudis, 4 (1975), págs. 129-145; J. Carreras i Martí (dir.), “Moncada”, en Gran Enciclopedia Catalana, vol. X, Barcelona, Gran Enciclopedia Catalana, 1977; Ll. Guía Marín, “Els Virreis i la pràctica del govern: serveis a la monarquia i ordre públic a València i Sardenya a mitjans segle xvii”, en VV. AA., XIV Congresso di Storia della Corona d’Aragona, Sassari-Alghero, Edizioni Angelo Guerini e Associati, 1997, págs. 181-196; R. Pilo, Luigi Guglielmo Moncada e il governo della Sicilia (1635-1639), Caltanissetta-Roma, Sciascia, 2008; Juan Everardo Nithard y sus ‘Causas no causas’. Razones y pretextos para el fin de un valimiento, Madrid, Sílex, 2010.

 

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