Biografía escrita por Ramón Urquijo Goitia. Historiador. Vicepresidente de Organización y Relaciones Institucionales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.


Pedro Macanaz Macanaz,  Ministro y diplomático.

Hellín (Albacete), 6.VII.1764 – 6.IX.1830.

Nacido en Hellín, fueron sus padres Antonio Macanaz Garay, capitán del Regimiento de Caballería de Montesa, y María Maximiliana Macanaz Curtois. Su abuelo materno fue Melchor de Macanaz.

Estuvo casado con Isidra Pedrosa y Vargas, de quien tuvo tres hijos: Isidro, Gabino y María Luisa. Uno de sus nietos, Joaquín Maldonado Macanaz, fue catedrático de la Universidad Central y miembro de la Real Academia de la Historia (1894).

El fallecimiento de su madre (18 de abril de 1767) y de su padre (13 de marzo de 1770) dejó su vida encomendada a los tutores designados por su padre.

En 1778 residía en Valencia y unos años más tarde (1781) se encontraba en París, se supone que completando su formación. El 17 de abril de 1785 fue nombrado para ocupar una plaza de agregado en la legación de España en San Petersburgo, destino en el que se mantuvo hasta su nombramiento (4 de enero de 1789) de oficial 9.º de la Primera Secretaría de Estado y del Despacho. Su superior en Rusia fue Pedro Normande, quien en esos años atravesó varios períodos de desequilibrio psíquico, razón por la que Macanaz se vio obligado a llevar las riendas de la legación en calidad de encargado de negocios (del 23 de febrero al 13 de agosto de 1797; 30 de junio de 1788…).

Incorporado a la Secretaría de Estado, en ella realizó toda su carrera. Una vez en Madrid, inició, además, la reivindicación de la memoria de su abuelo; en concreto se quejó ante el conde de Floridablanca de que se realizasen publicaciones atribuyéndole falsamente la autoría y de que en otras ocasiones no se siguiesen fielmente los originales. Su reclamación obtuvo éxito y quedó prohibida la publicación “sin que preceda su real permiso” (17 de mayo de 1789), pero, pasado algún tiempo, tuvo que repetir su reclamación (24 de febrero de 1802).

Unos meses más tarde recibió el nombramiento de secretario de Su Majestad con ejercicio de decretos (octubre de 1789). En muy poco tiempo realizó una rápida carrera administrativa: oficial 8.º (27 de septiembre de 1789), oficial 7.º (17 de abril de 1791), oficial 5.º (17 de agosto de 1792), oficial 3.º (1 de marzo de 1793) y oficial 2.º (22 de enero de 1794).

Ese mismo año abandonó la Primera Secretaría de Estado para ocupar destinos en la de Hacienda, en calidad de intendente, primero en Cuenca (24 de marzo de 1794) y, ante la negativa de su titular a trasladarse a otra plaza, casi de inmediato en Jaén (11 de abril de 1794). Al parecer, su objetivo era acercarse a la Corte, por lo que fue solicitando diversas plazas, obteniendo finalmente una en el Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas (13 de diciembre de 1795), al que se incorporó rápidamente (25 de enero de 1796). Durante algún tiempo fue, además, ministro de la Junta del Montepío de Reales Oficinas (1800-1803).

Desde esa posición solicitó nuevos ascensos en alguno de los Consejos (Indias, Guerra o Hacienda), para lo que argumentaba, entre otras cosas, que su estancia en Rusia le había provocado importantes pérdidas patrimoniales (4 de julio de 1802). La invasión napoleónica le reportó una oportunidad interesante.

Fue adscrito (2 de abril de 1808) al séquito del infante Carlos María Isidro, con la categoría de ministro plenipotenciario, junto con Pascual Vallejo. Su salida de Madrid tuvo lugar el 5 de abril y ocho días más tarde la comitiva llegó a Bayona. Según algunos autores, fue uno de los medios de los que se valió Napoleón para atraer a Fernando VII hasta Bayona.

Tras las abdicaciones de Bayona acompañó a la Familia Real hasta su destierro en Valençay, y, casi inmediatamente, reconoció, junto con los principales personajes del séquito, al nuevo monarca José I (22 de junio de 1808), al tiempo que solicitaba que le permitiese seguir junto a Fernando VII y mantener sus bienes y empleos. A pesar de ello, en el mes de septiembre, se le encerró en el castillo de Vincennes, aunque por poco tiempo, y posteriormente fijó su residencia en París.

El 30 de noviembre de 1813 Macanaz llegó a Valençay.

En ese momento se estaba ultimando un acuerdo entre Fernando VII y el Emperador, y en el grupo español se encontraban, entre otros, el duque de San Carlos, el teniente general Josef de Palafox, el mariscal Josef de Zayas y el canónigo Juan Escoiquiz.

Su designación había sido debida a una petición expresa de Fernando VII. Tras la marcha de San Carlos, se le encomendó, en unión de Escoiquiz, la interlocución con el embajador francés La Forest. A finales de diciembre (29 de diciembre de 1813), y ultimado ya el acuerdo, realizó un breve viaje a París para cerrar diversos asuntos que su rápido viaje le habían impedido terminar.

Macanaz era uno de los principales consejeros del Monarca, a quien transmitió que la mayor parte de los españoles, incluidos los afrancesados, consideraban fundamental un acuerdo que pusiese límites al hastío del desorden, de la guerra y de los ingleses. Pero al mismo tiempo, estaba siendo manejado cómodamente por los representantes franceses, especialmente por La Forest. A mediados de febrero fue enviado por Fernando VII a negociar un empréstito en París que financiase la operación de regreso a España.

Nada más abolir el sistema constitucional, Macanaz fue nombrado secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, lo que La Forest ya lo había anunciado con cuatro meses de antelación. Desde dicho puesto fue el responsable de la redacción del decreto que anulaba toda la obra de las Cortes de Cádiz y de la publicación del llamado Manifiesto de los Persas.

A pesar de las promesas que La Forest consideraba que le habían hecho diversos personajes del Consejo de Fernando VII, entre ellos Macanaz, una de sus primeras actuaciones al frente de Gracia y Justicia fue establecer férreas condiciones de vigilancia para todos los que habían colaborado con José I (30 de mayo de 1814).

Macanaz fue cesado el 8 de noviembre y días más tarde un largo Real Decreto (25 de noviembre de 1814) expresaba claramente la indignación que había provocado en el Monarca su conducta. Fernando VII señalaba que, tras la Guerra de la Independencia, había sido necesario llevar a cabo una atenta selección de las personas, escogiendo a las que se consideraba honestas. Había depositado la confianza en Macanaz, pero pronto empezaron a llegar quejas sobre su conducta, que inicialmente atribuyó a la envidia, pero que en las primeras gestiones descubrió que eran ciertas.

La situación resultaba más grave aún por tratarse de “una época en que por mi desgraciada suerte necesitaba más que nunca del apoyo de mis amados vasallos”.

En consecuencia, fue destituido, privado de “su empleo, sueldos y distinciones” y recluido en el castillo de San Antón de La Coruña, hasta nueva orden.

Dicha estancia duró dos años.

Tras la reimplantación del sistema constitucional, solicitó (19 de abril de 1820) ser recibido por el Monarca para reivindicar su nombre, pero dicho expediente quedó sin resolución. Al finalizar el Trienio, volvió a insistir y, para que quedase patente su rehabilitación, solicitó que se le nombrase para desempeñar una embajada. A partir de ese momento, reiteró su petición en diversas ocasiones en los meses siguientes.

La concesión (19 de mayo de 1826) de los honores del Consejo de Estado se convirtió en la declaración de su rehabilitación. En 1828 solicitó permiso para trasladarse a Hellín, población que se encontraba cercana a los baños de Archena, que resultaban imprescindibles para su salud. Las últimas informaciones sobre su biografía son varias solicitudes reclamando el abono de los sueldos atrasados.


Obras de ~Fundación y Reglamento por el buen gobierno y administración del Hospital de Nuestra Señora del Carmen de la Villa de La Seca, formado por su patrono de sangre D. Pedro de Macanaz, Valladolid, Miñón, 1804.


Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 5196; Estado, legs. 241, 247, 252, 878, exp. 88, 1610, exp. 103, 2849, exp. 17, 3229, exp. 8, 3242, exp. 3, 3412, exp. 1 y 4430, exp. 248. VV. AA., Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana: etimologías sánscrito, hebreo, griego, latín, árabe, lenguas indígenas americanas…: versiones de la mayoría de las voces en francés, italiano, inglés, alemán, portugués, catalán, esperanto, vol. VII, Bilbao, Espasa Calpe, 1910-1975; F. Antón del Olmet, marqués de Dosfuentes, El Cuerpo Diplomático español en la Guerra de la Independencia, Madrid, Imprenta Artística Española Juan Pueyo, 1911-1914, 6 vols.; A. R. C. Mathurin, comte de La Forest, Correspondance du [Antoine-Renée-Charles Mathurin] La Forest. Ambassadeur de France en Espagne 1808- 1813, Paris, Alphonse Picard, Société d’Histoire Contemporaine par M. Geoffroy de Grandmaison, 1913; J. Serra Martínez, “Noticias y documentos sobre D. Pedro Macanaz”, en Publicaciones del Seminario de Historia y Arqueología de Albacete (1962), págs. 121-134; J. F. Lasso Gaite, El Ministerio de Justicia: su imagen histórica (1714-1981), Madrid, J. F. Lasso, 1984; V. Herrero Mediavilla (dir y coord.), Archivo biográfico de España, Portugal e Iberoamérica, München, Saur, 1986- 2005, I microficha 539, n.º 165; II microficha 538, n.º 392; F. Abbad, Les Intendants espagnols du xviiie siècle, Madrid, Casa de Velázquez, 1992; D. Ozanam, Les diplomates espagnols du xviiie siècle: Introduction et répertoire biographique (1700-1808), Madrid-Bordeaux, Casa de Velázquez, Maison des Pays Ibèriques, 1998; B. Badorrey Martín, Los orígenes del Ministerio de Asuntos Exteriores (1714-1808), Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1999.

 

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