Biografía escrita Fabián Melogno Vélez,  Académico del Instituto Histórico y Geográfico de Uruguay.


José Gervasio Artigas. General independentista, héroe máximo de la República del Uruguay y primer estadista de la Revolución del Río de la Plata.

Montevideo (Uruguay), 19.VI.1764 – Ibiray (Paraguay), 23.IX.1850.

Fueron sus padres Martín José Artigas y Francisca Pascual Aznar, naturales de Montevideo. Sus abuelos paternos, Juan Antonio Artigas, natural de Albortón, Zaragoza, e Ignacia Xaviera Carrasco, natural de Buenos Aires (y descendiente de familias fundadoras de dicha ciudad), fueron primeros pobladores de Montevideo.

Recibió una esmerada educación en el colegio de los padres franciscanos. Desde muy joven se dedicó a faenas rurales, adquiriendo un extraordinario conocimiento de la geografía del país y de sus hombres.

El 10 de marzo de 1797 ingresó como simple soldado en el Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo, unidad creada el 7 de diciembre de 1796, por el virrey Pedro Melo de Portugal y Villena. Artigas se destacó por su valentía en la persecución de malhechores e indios infieles que asolaban la campaña. El 27 de octubre de 1797 se le expide el nombramiento de capitán de Milicias del Regimiento de Caballería de Montevideo “atendiéndose a su mérito en la campaña”. El 2 de marzo de 1798 el virrey del Río de la Plata lo designa ayudante mayor del Cuerpo de Blandengues, y el 2 de enero de 1799, el Rey homologa tal designación.

El 23 de diciembre de 1805 contrae matrimonio en la catedral de Montevideo con su prima hermana Rosalía Villagrán Artigas.

Participa en agosto de 1806 en la reconquista de Buenos Aires, que había sido tomada por los ingleses en junio de ese año. En 1807, una nueva expedición británica intenta con éxito la toma de Maldonado y Montevideo. Artigas se distingue en la defensa de Montevideo, en el combate del Buceo, en filas del Cuerpo de Blandengues.

En 1810, al producirse una vacante de capitán en el Cuerpo de Blandengues, por fallecimiento de Miguel Borrás, Artigas es ascendido a capitán, con fecha de 5 de septiembre. Después de cumplir una comisión en Arroyo de la China (Entre Ríos), se le ordena pasar con su compañía a Colonia. Allí, después de tener un incidente con el comandante de Colonia brigadier general Vicente Muesas, pasa a Buenos Aires, en febrero de 1811 y ofrece sus servicios a la Junta Revolucionaria allí instalada y que el 25 de mayo de 1810 había depuesto al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

La Junta le otorga grado de teniente coronel y pone a su disposición algunos efectivos del Regimiento de Patricios, con los cuales Artigas retorna a la Banda Oriental (nombre con el que era conocido el actual territorio de la República Oriental del Uruguay). El 11 de abril de 1811, desde Mercedes, Artigas lanza una proclama, convocando a la insurrección a los habitantes de la Banda Oriental: “[…] a la empresa compatriotas que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra […] los Americanos del Sud están dispuestos a defender su Patria y a morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio”.

El 18 de mayo de ese año, Artigas obtiene una importante victoria en la batalla de Las Piedras, donde es derrotado y tomado prisionero el capitán de fragata José de Posada, a quien se había confiado el mando de las fuerzas españolas con el objeto de impedir la victoriosa marcha de Artigas sobre Montevideo. Inmediatamente Artigas y Rondeau (este último era el comandante en jefe del ejército de operaciones) ponen sitio a Montevideo. El virrey, Javier de Elío, sitiado en Montevideo, solicita a la princesa Carlota Joaquina, esposa del regente de Portugal, residente en Río de Janeiro, el envío de fuerzas portuguesas; ésta envía al general Diego de Souza con un poderoso ejército. El gobierno de Buenos Aires, que había sufrido una severa derrota en Huaqui, en el norte, considerando que le era imposible mantener dos frentes, inició tratos con el virrey Elío, para celebrar un armisticio y retirar sus fuerzas de la Banda Oriental, consagrando un statu quo ante bellum. Las cláusulas del armisticio imponían a los revolucionarios la obligación de retirar todas sus fuerzas de la Banda Oriental, desamparando a las familias que se habían adherido al movimiento emancipador que quedaban expuestas a las represalias de las autoridades españolas. Artigas y Rondeau se retiran con sus respectivas fuerzas de Montevideo y, en Colonia, Rondeau se embarca para Buenos Aires. Artigas sigue hacia el norte y, en Salto, cruza el río Uruguay hacia el litoral argentino. Artigas, el 10 de octubre, en una asamblea de vecinos, en la quinta de la Paraguaya, es designado general en jefe de los orientales. Al retirarse Artigas, con sus fuerzas del sitio de Montevideo, en cumplimiento del armisticio, por el camino hacia el norte, se le incorporan numerosas familias; Artigas lo comenta a Elías Galván, en oficio del 14 de noviembre de 1811, desde el Cuartel General en Arroyo Negro: “Toda la Banda Oriental me sigue en masa resueltos todos a perder mil vidas antes que gozarlas en la esclavitud […]”. El gobierno de Buenos Aires designa a Artigas teniente gobernador del departamento de Yapeyú. Este episodio migratorio forzado, es conocido en la historia del Uruguay, con el nombre del “éxodo del Pueblo Oriental”. El éxodo (que duró aproximadamente un año) sirvió para fortalecer los sentimientos de nacionalidad de los orientales (como se llamaba a los uruguayos) y acrecentó el prestigio de Artigas. El gobierno de Buenos Aires, mortificado por el prestigio de Artigas y por las relaciones que entabla con la Junta de Gobierno del Paraguay, envía al campamento de Artigas, en el Ayuí, como nuevo general en jefe del ejército de operaciones, a Manuel de Sarratea, general improvisado, cuñado del ex virrey Santiago de Liniers. El gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet, informa al general portugués Diego de Souza que Sarratea ha salido de Buenos Aires con un tren de artillería muy bien municionado y con $ 20.000 para sus gastos personales y $ 200.000 para emplearlos “en pagamentos, intrigas y sobornos y otros usos semejantes, adecuados a la vileza de su carácter”. Sarratea, con sus intrigas, consigue separar de Artigas a varios de sus jefes subalternos: Eusebio Valdenegro, Ventura Vázquez, Pedro Viera y Baltasar Vargas. Artigas se niega a reconocer a Sarratea y le exige resigne el mando, dificultando el movimiento de sus tropas, quitándole las caballadas y boyadas, y el ganado. Artigas en un documento de 25 de diciembre de 1812, conocido como la “Precisión del Yí”, le expresa a Sarratea: “El pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano, pero nunca su gobierno actual”.

Superado el conflicto con Sarratea, con el alejamiento de éste del mando del ejército que es subrogado por el general José Rondeau, Artigas se incorpora al segundo sitio de la ciudad de Montevideo, el 26 de febrero de 1813. Un contemporáneo, el padre Bartolomé Muñoz, en su Diario del Segundo Sitio de Montevideo, expresa: “El 26 amanecieron formadas las tropas de Infantería en toda la línea del sitio, en este orden: el Regimiento de Granaderos, el n.º 3, 4 y 6, todos de gala con sus Jefes, Banderas y música. La Artillería formó en su cuerpo del Cerrito de la Victoria; colocó en su cima diez piezas, a más de cuatro volantes que con los Dragones y toda la Caballería, toda la Plana Mayor y muchos vecinos salimos a dos leguas de distancia a recibirlos […] Eran las 12 cuando llegaron los Generales (Artigas y Rondeau) a las líneas por donde habían pasado las tropas, entre los más tiernos vivas a la Patria y a la unión siempre interesante […]”.

El 8 de octubre de 1812, tuvo lugar en Buenos Aires una revolución incruenta que derribó al primer triunvirato e impuso la convocatoria de una Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata (éstas comprendían los territorios de las actuales repúblicas de Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay).

Dicha Asamblea se instalará en Buenos Aires el 31 de enero de 1813. Un decreto de 24 de octubre de 1812 convocó a los pueblos de las provincias a enviar sus diputados para representarlos. A través del general Rondeau, en nombre del gobierno de Buenos Aires, se solicitó a Artigas el reconocimiento de esta Asamblea Constituyente. Artigas contestó que previamente debía consultar la voluntad de los pueblos de la Banda Oriental. Artigas envía circulares a todos los pueblos que integraban la Banda Oriental para que envíen sus diputados al congreso que deberá reunirse en Tres Cruces (extramuros de Montevideo en aquel entonces). Instalados los diputados en Tres Cruces, Artigas el 5 de abril, en el discurso inaugural de este congreso, les informa a los representantes que se ha instalado en Buenos Aires la Asamblea Constituyente y que su “reconocimiento nos ha sido ordenado”. Artigas pide que se pronuncien sobre tres puntos: 1. Reconocimiento condicionado. 2. Proveer el mayor número de diputados a la Constituyente (se eligirán seis, a razón de dos por Montevideo, uno por Canelones, otro por San José, otro por Maldonado y otro por Soriano). 3. “Instalar aquí una autoridad que restablezca la economía del País”. El día 20 de abril de 1813 se resolvió que “convenía a la Provincia Oriental y que era su voluntad irrefragable que se estableciese un cuerpo municipal que entendiera en la administración de la justicia y demás negocios de la economía del País” y se nombró a Artigas: “Gobernador Militar y sin ejemplar Presidente del Cuerpo Municipal”. También se designó a los ciudadanos Tomás García de Zúñiga y León Pérez, jueces; a Santiago Sierra, depositario de los fondos públicos de la provincia; Juan José Durán, juez de economía; José Revuelta, juez de vigilancia; Miguel Barreiro, secretario del Gobierno, etc. Este gobierno municipal de la Provincia Oriental se instala en Canelones y ejercerá su jurisdicción sobre toda la provincia con exclusión de Montevideo.

Las instrucciones del año XIII: El día que se instaló el Congreso, el 5 de abril de 1813, los diputados recibieron un pliego de “Instrucciones”, a los cuales debían ceñir su actuación en la Asamblea Constituyente de Buenos Aires.

En estas “Instrucciones”, estaba plasmado el ideario político de Artigas; en él se consagran los principios capitales de su pensamiento político: Independencia, República y Federación.

En el artículo 1 de las “Instrucciones” se expresa: “Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y Estado de la España, es y debe ser totalmente disuelta”. En el artículo 2 se dispone: “No admitirá otro sistema que el de Confederación para el pacto recíproco con las provincias que formen nuestro Estado”. En el artículo 10 se establece que: “Esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras, para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad […]”. En el artículo 11 se aclara que: “Esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la Confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso”. (El texto de este artículo fue incorporado a la Constitución argentina de 1860 y de 1949). El artículo 20 señala que: “La constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana y que asegure a cada una de ellas, de las violencias domésticas, usurpación de sus derechos, libertad y seguridad de su soberanía […]”.

En el artículo 3 dispone: “Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable” y en el artículo 4 señala que el fin del Gobierno debe ser “conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los Pueblos” y que cada provincia formará su gobierno sobre estas bases al igual que el Gobierno Supremo de la Nación. Los artículos 5 y 6 consagran tanto para lo provincial como para lo nacional, la fórmula clásica de división tripartita de poderes.

El ilustre historiador argentino Emilio Ravignani subraya que las “Instrucciones” “contienen el acta de bautismo de la Federación Argentina”. Alberto Demicheli destaca que: “En orden cronológico, las Instrucciones son los primeros instrumentos que proclaman en el Río de la Plata, el sistema republicano-federal, desarrollando en forma clara y sistemática una verdadera técnica autonomista, conforme a cánones depurados y perfectos”.

También las “Instrucciones” disponían en su artículo 16 que “esta Provincia tendrá su constitución territorial y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas […]”. En este Congreso de Abril se presentaron ambas, es decir la Constitución de la Provincia Oriental y una Constitución Federal cuya autoría se atribuye al capitán de Blandengues Felipe Santiago Cardozo, ya que la misma presenta las iniciales: F.S.C.

Existe una ineludible influencia del Derecho Público norteamericano en el ideario artiguista, a través de un libro: La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha, extracto de sus obras, traducido del inglés al español por Manuel García de Sena, Filadelfia, 1811, obra que contenía el texto de la Constitución norteamericana y de algunos de sus estados. Pero Artigas no realizó una copia servil de aquéllos, sino que, al igual que Alberdi, fusiona, modifica, innova, crea, adaptando a nuestras exigencias, los textos que usa como base.

Artigas tanto en las “Instrucciones” como en el proyecto federal, dispone que el poder ejecutivo de la confederación sea unipersonal y rotativo, es decir que el presidente será elegido por sorteo entre los candidatos de todas las provincias y que durará sólo dos años en sus funciones. El poder legislativo estará en manos de un congreso bicameral con una cámara de representantes, integrado por diputados de cada provincia que deberán tener veinticinco años de edad y por una cámara de senadores elegidos por los ciudadanos de cada provincia, a razón de dos por provincia.

Los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea General Constituyente, señalando el historiador argentino Mariano Pelliza que el motivo del rechazo fue que la dirigencia bonaerense no podía aceptar que se planteara la independencia absoluta de estas provincias y su desvinculación de la corona, como tampoco podía tolerar que se quisiera imponer un sistema de confederación que conspiraba contra la política centralista y hegemónica que aspiraba a desarrollar Buenos Aires sobre las provincias. La clase dirigente de Buenos Aires no soñaba con una república, sustentaba ideas monárquicas y aspiraba a coronar a un representante de la Casa de Borbón o bien transformar las Provincias Unidas en un protectorado británico. En esa postura política estaban Carlos María de Alvear, Rivadavia, Belgrano y Pueyrredón.

Por ello fue que en el Congreso de Estados Unidos de Norteamérica, en 1818 se destacó que: “El único republicano verdadero en el Río de la Plata, es el General Artigas”.

El general José Rondeau convoca a un nuevo congreso, en la Capilla Maciel, para elegir nuevos diputados a la Asamblea Constituyente. Dicho congreso elegirá tres diputados y designará un triunvirato integrado por Francisco Remigio Castellanos, Tomás García de Zúñiga y Juan José Durán, para administrar la Provincia Oriental, desconociendo la designación del general Artigas como gobernador militar y presidente del Cuerpo Municipal, verificada en el Congreso de Abril.

Este Congreso de Capilla Maciel que se reunió los días 8, 9 y 10 de diciembre de 1813, desconoció la obra del Congreso de Abril y la autoridad con que éste había investido al general Artigas. El general Artigas, profundamente disgustado con esta actitud, en la noche del 20 de enero de 1814, vestido de paisano y sólo acompañado por su sobrino y secretario, Miguel Barreiro, abandona el sitio. La reacción del gobierno de Buenos Aires no se hizo esperar y el Director de las Provincias Unidas, con fecha 11 de febrero de 1814 firma un decreto declarando a Artigas “Infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley y enemigo de la Patria”. Se recompensaba además con la suma de 6.000 dólares a quien entregara a Artigas vivo o muerto. Como vaticinó Rondeau, este decreto produjo el efecto contrario, porque acrecentó la popularidad de Artigas. Las fuerzas que manda Buenos Aires contra Artigas son sucesivamente derrotadas por sus tenientes: en Gualeguaychú es derrotado Hilarión de la Quintana por Fernando Otorgués, en el Espinillo, próximo a la Bajada es vencido el barón de Holmberg (22 de febrero de 1814) y en Colodrero es derrotado Genaro Perugorría por Blas Basualdo. El 11 de marzo, Corrientes está en manos de Artigas y el 20 de abril, el Congreso correntino lo nombra su “Protector”. Muy pronto Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Misiones se adhieren el ideario político de Artigas, deponen a los gobernadores pro Buenos Aires, se declaran independientes de ésta y designan a Artigas como su “Protector”, constituyéndose la “Liga Federal de los Pueblos Libres”. El 20 de junio de 1814, el sitio de Montevideo, a cuyo frente se hallaba el general Carlos María de Alvear, sobrino del director Gervasio Antonio de Posadas, llega a su fin; Gaspar de Vigodet, jefe de las fuerzas sitiadas, se ve obligado a capitular, porque la escuadra española que abastecía por vía marítima a la ciudad, es destruida en el combate naval del Buceo el 17 de mayo de ese año por Guillermo Brown, jefe de las fuerzas navales insurgentes. Artigas exige a las autoridades porteñas que ocupan Montevideo la entrega de la plaza. Buenos Aires se niega a entregar Montevideo a los orientales. Se producirán algunos combates entre orientales y porteños, adversos a aquellos hasta que el 10 de enero de 1815, los tenientes de Artigas, Fructuoso Rivera y Rufino Bauzá, derrotan en la batalla de Guayabos al coronel Manuel Dorrego, obligando esta victoria a los porteños a retirarse de Montevideo el 25 de febrero de ese año.

Santa Fe y Córdoba, dominadas por la fuerza, por el gobierno de Buenos Aires, reclaman el apoyo de Artigas, para la sublevación popular. En marzo de 1815 se insurrecciona Santa Fe contra su gobernador uni tario, al tiempo que Artigas cruza el río y desfila por la ciudad con sólo una escolta de cincuenta hombres.

Las damas santafecinas, entusiasmadas, enarbolan la bandera tricolor de la Federación. Córdoba, sin conocer personalmente al general Artigas, lo proclama su “Protector” y le envía una espada de oro con la alusiva leyenda: “Córdoba independiente a su Protector el General José de Artigas Año 1815”.

Artigas avanza hacia Buenos Aires, el general Carlos María de Alvear, titular en ese momento del ejecutivo de las Provincias Unidas, con el nombre de director, organiza y concentra todas sus fuerzas para contener al “vándalo del Sur” (así califica a su rival). Pero el ejército que envía contra Artigas y cuya vanguardia estaba comandada por el general Ignacio Álvarez Thomas, se niega a pelear contra Artigas, sublevándose en Fontezuelas. Dirá Álvarez Thomas al director Alvear: “El espíritu general de la campaña está decidido por Artigas y el ánimo de la tropa tan abatido, que juzgo sin exagerar que llegado el caso de ataque, muy pocos serán los que queden firmes al mando de sus oficiales […]”. Esto acaecía un 3 de abril de 1815. Doce días más tarde Alvear resigna el mando y huye de Buenos Aires. El Cabildo de Buenos Aires quema en la plaza los decretos infamantes de Alvear contra Artigas y obsequia al “benemérito Gral. Artigas” un reloj de oro y el general Álvarez Thomas, nuevo director de las Provincias Unidas, le remite en prueba de lealtad siete altos oficiales adictos a Alvear, engrillados. Artigas se los devuelve a Buenos Aires con una nota en que expresa que “El Jefe de los Orientales no es verdugo del Gobierno de Buenos Aires”.

En Paysandú, en las proximidades del arroyo Hervidero, Artigas instala su cuartel general, erigiendo una villa con el nombre de Purificación que se transforma en la capital de la “Liga Federal de los Pueblos Libres”. Artigas resuelve imponer la educación primaria obligatoria para todos los niños de la Provincia Oriental. El 10 de septiembre de 1815 dicta el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados. Para fomentar con brazos útiles la población de la campaña, se facultaba al alcalde provincial y sus delegados a distribuir terrenos, debiéndose tener presente que “los más infelices serán los más privilegiados”, citándose a vía de ejemplo: “los negros libres, los zambos, los indios y los criollos pobres”. Los terrenos a repartir tendrían legua y media de frente por dos de fondo, dándose un plazo de dos meses, extensible a tres para que los beneficiados levanten un rancho y dos corrales en el terreno.

En el año 1816 se inaugura la Biblioteca Nacional en Montevideo, designándose como director de la misma al sabio naturalista presbítero Dámaso Antonio Larrañaga.

En ese año 1816, incitada por algunos dirigentes políticos de Buenos Aires, se produce la invasión de un fuerte ejército portugués a la Provincia Oriental, a cuyo frente como comandante en jefe, estaba el brigadier general Carlos Federico Lecor, más tarde agraciado con los títulos de barón y de vizconde de la Laguna. Artigas no cuenta más que con seis mil milicianos que deberán defender el suelo patrio contra un ejército poderoso de doce mil soldados bien municionado y disciplinado, cuyo grueso estaba fogueado en las guerras napoleónicas. El resultado es previsible, en enero de 1817, caerá Montevideo. Rufino Bauzá y los hermanos Oribe defeccionan de las filas de Artigas y se van para Buenos Aires. Otros bravos tenientes de Artigas, como Fernando Otorgués, Bernabé Rivera, Manuel Francisco Artigas, Andrés Guacurarí, caen prisioneros de los lusitanos y son enviados a las mazmorras de Río de Janeiro. El nuevo director de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, elegido por el Congreso de Tucumán, a pedido del general San Martín, es cuestionado por dirigentes políticos opositores, dentro de Buenos Aires, por sospecharlo en connivencia con los invasores portugueses. Pueyrredón le encarga a Pedro Feliciano Sáenz de Cavia la redacción de un libelo difamatorio anónimo contra Artigas, titulado: El Protector nominal de los Pueblos Libres

D. José Artigas clasificado por el amigo del Orden (Buenos Aires, 1818), donde se acusaba a Artigas de haber sido antes de la Revolución un “Capitán de bandidos”, luego “patriota por motivos innobles”, y después “traidor a los destinos de América, implacable en sus enconos, un nuevo Atila de las comarcas desgraciadas que ha protegido […]”. Cuando le comentaron a Artigas que iba a hacer frente a este libelo difamatorio, respondió calmosamente: “Mis paisanos no saben leer”. Pero ese libelo fue el hontanar emponzoñado en que abrevaron muchos escritores argentinos como Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Luis Domínguez y escritores extranjeros contemporáneos como el ensayo histórico  de Rengger y Longchamp (París, 1827) y Brackenridge en Londres (1820). En Baltimore, apareció un folleto refutatorio de la obra de Brackenridge, expresándose: “Retrató al heroico Artigas como un monstruo, basándose en la autoridad de un panfleto anónimo, publicado por sus enemigos” y agregaba: “Cuando se escriba imparcialmente la biografía de este jefe popular, aparecerá a la humanidad como un personaje extraordinario”. (Baltimore, 1820).

La resistencia oriental se mantendrá hasta 1820, porque los orientales defienden el suelo patrio como leones. Pero después de la decisiva batalla de Tacuarembó, en que es derrotado el coronel Andrés Latorre por el gobernador de Río Grande José de Castelo Branco, conde de Figueira, el 22 de enero de 1820, se consolida la total dominación lusitana sobre la Provincia Oriental. Artigas se encuentra en el litoral argentino donde se debe enfrentar a Francisco Ramírez, uno de sus tenientes que ensoberbecido por haber derrotado, en colaboración con Estanislao López, gobernador de Santa Fe, al general José Rondeau, en la batalla de la cañada de Cepeda, da la espalda a Artigas y se alía con Manuel de Sarratea, aquel viejo enemigo de Artigas, que en los años 1812 y 1813 quiso neutralizar a Artigas y a quien éste había obligado a renunciar al mando del ejército de operaciones y a retornar a Buenos Aires. Rondeau, derrotado en Cepeda, renuncia al cargo de director, y Sarratea asume el mando como gobernador. Después de un triunfo inicial de Artigas contra Pancho Ramírez, en Las Guachas (13 de junio de 1820), sufre sucesivas derrotas en Tunas (24 de junio), La Bajada, Sauce de Luna, Yuquerí, Mandisoví y Osamentas (donde cae prisionero su secretario y sobrino el padre José Monterroso), en Ávalos pierde el parque y el convoy de familias que iban en veintitrés carretas, saliendo de allí tan sólo con doce hombres. Todo lo ha perdido y decide cruzar el Paraná por Candelaria y solicitar asilo al dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia. Al partir, realiza un último gesto de grandeza: conserva en sus maletas cuatro mil patacones y se los entrega a un sargento de su confianza, para que los lleve a Río de Janeiro y socorra con ellos a los jefes orientales recluidos en las mazmorras de la Isla das Cobras, en Brasil.

El dictador paraguayo, pese a que mantenía serias diferencias con Artigas, tiene un gesto de nobleza y, aunque se niega a recibirlo, le concede el asilo solicitado y lo envía a San Isidro Labrador de Curuguaty, comarca cercana a la frontera con Brasil, a unas 85 leguas de Asunción. Lo asiste con una onza de oro mensual y le envía abundante vestuario, que Artigas comparte ambas cosas con los pobres de la comarca, y Francia decide suspenderle el auxilio pecuniario. Allí permanecerá más de veinte años. Un sacerdote francés contemporáneo, el padre Juan Pedro Gay, lo recuerda así: “Artigas tenía 61 años, y en la tranquilidad del retiro se mostró trabajador y humano, cultivó la chacra, fue el padre de los pobres de su distrito y sirvió de ejemplo a todos con su excelente conducta”.

Artigas permanecerá en San Isidro Labrador de Curuguaty, veinticinco años. En 1845, invitado por Carlos Antonio López (electo presidente del Paraguay, en 1844), se traslada a Ibiray, una localidad próxima a Asunción, donde tenía el presidente López su residencia de descanso. Allí construye una pequeña vivienda para Artigas, donde transcurren los últimos cinco años de su existencia; era ya un octogenario pero gozaba de una extraordinaria lucidez, acompañado por su fiel asistente, Joaquín Lenzina, conocido con el apodo de Ansina y de quien se dice era esclavo y que Artigas compró su libertad hacía más de medio siglo, generando un irreductible vínculo de fidelidad y consecuencia.

El 23 de septiembre de 1850, fallecerá Artigas, a los ochenta y seis años. Su historia como ser humano ha concluido, pero en ese mismo momento se inicia otra más trascendente aún que la de su vida heroica: la historia de su doctrina política —como lo destaca el Alberto Demicheli—, con la que Artigas, más allá de la muerte, como el Cid Campeador, ganará sus últimas y definitivas victorias de 1853 y 1860, en que las provincias argentinas, mediante pactos, como él lo previó en el artículo 2.º de sus célebres “Instrucciones”, llegarán a consolidar su definitiva unión, en un sistema federal.


Bibl.: D. Hammerly Dupuy, Rasgos biográficos de Artigas en el Paraguay, Montevideo, El País, Imprenta Colombino, 1951; W. Reyes Abadie, O. Bruschera y T. Melogno, El Ciclo Artiguista, Montevideo, Imprenta Letras, 1951; A. Demicheli, “Artigas y su obra jurídico-política (estudio preliminar)”, en Formación constitucional rioplatense, Montevideo, Imprenta Barreiro y Ramos, 1955; E. B. Gómez, El enigma de Artigas en el Paraguay, Montevideo, Centro Militar, Imprenta Rex, 1963; J. A. González Calderón, Artigas precursor del federalismo republicano, Montevideo, Imprenta Nacional, 1963; J. A. Apolant, Génesis de la familia uruguaya, Montevideo, Imprenta Vinaak, 1975; A. Corrales Elhordoy, Historia Nacional Sexto Año, Primera Parte, Montevideo, Imprenta el Consejo de Educación Primaria, 1980.


Imagen CC Wikimedia Commons. Artigas en la CiudadelaDominio pintado por Juan Manuel Blanes (1830-1901).

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