Biografía escrita por Nuria Marín Arruego.


Santiago Sas Casayau Sacerdote y héroe de la Guerra de la Independencia (Sitios de Zaragoza, 1808-1809).

Zaragoza, 20.VII.1774 – 22.II.1809.

Hijo de Francisco Sas y Manuela Casayau, ambos naturales de Luco de Jiloca (Teruel), pero afincados en el zaragozano barrio de San Pablo, donde Santiago Sas, desde parvulario, asistió al colegio de Escolapios, teniendo como preceptor al padre Marcos de San Simón, del que fue un aventajado alumno. Optó por la carrera eclesiástica, recibió la primera clerical tonsura, órdenes menores, a la edad de veinticuatro años, a título de una capellanía, en Luco de Jiloca. El 22 de marzo de 1800, le fueron concedidas letras dimisorias para ordenarse de Grados y Epístola, ordenándose de diácono, dos meses después, alcanzando el presbiterado (tercera de las órdenes mayores que confiere el sacerdocio) en 1801, de manos de Juan Antonio Hernández de Larrea.

Hospedado en casa de su primo, Antonio Sas, permaneció en Luco hasta que a finales de mayo de1808, enterado del levantamiento de Zaragoza, reclutó un grupo de jóvenes campesinos a cuyo frente se personó en la ciudad, poniéndose a las órdenes del general Palafox, para la defensa contra la amenazante invasión francesa. Formó dos compañías llamadas de escopeteros voluntarios de la parroquia de San Pablo, constituyéndose en su comandante. Cada compañía constaba de dos escuadras compuestas por noventa hombres, con un capitán, un teniente, un subteniente, un sargento y dos cabos.

Escenarios de su gran valor y arrojo fueron la Puerta del Carmen, el Portillo, calle del Palomar y otros puntos de gran peligro. Según el diario de Los Sitios, los días que más lo acreditaron fueron el 15 de junio, 1 y 2 de julio y 4 de agosto de 1808, en el primer Sitio, y el 1 de febrero, del Segundo. Siempre se le vio, espada en mano, al frente de sus hombres, en los lugares de mayor riesgo imprimiendo, a su vez, palabras de ánimo al pueblo, siendo uno de los personajes de mayor confianza del general de Palafox.

Tras la firma de la capitulación, el 20 de febrero de 1809, contraviniendo la letra de la misma, cuyo artículo 7.º mantenía que “la religión y sus ministros serán respetados”, en la madrugada del día siguiente, por orden del mariscal Lannes, fue alevosamente sacado de su domicilio y conducido al Puente de Piedra, donde el piquete de lanceros, n.º 121 le asesinó a bayonetazos arrojando su cadáver a las aguas del río Ebro. Sobre ellas, en el punto exacto, lo conmemora un sencillo monumento.

Zaragoza honró a este valeroso sacerdote, dedicándole en su honor la plaza que lleva su nombre, antes llamada del Carbón.


Fuentes y bibl.: Archivo Parroquial de San Pablo de Zaragoza, Bautismos, t. 37, fol. 84v.; Archivo Colegio Escuelas Pías de Zaragoza, Papeles Varios, 39/d/5. A. Gil Domingo, El Clero en los Sitios de Zaragoza, Zaragoza, Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza 1994.

 

 

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