Biografía escrita por Miguel Ángel Serrano Monteavaro. Analista  del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE)Colaborador del Instituto de Historia y Cultura naval. Autor de “S.A.R. La infanta Eulalia de Borbón y el problema de Cuba”en Actas del IV Simposio de Historia Marítima y Naval Iberoamericana : noviembre de 1997.


Eulalia Borbón y Borbón. Infanta de España y escritora.

Madrid, 12.II.1864 –Irún (Guipúzcoa), 8.III.1958.

Segunda hija de Isabel II y del Rey consorte, suprimo, Francisco de Asís, se educó en el colegio del Sagrado Corazón, en París, donde se encontraban exiliados sus padres. Restaurada la Monarquía en 1874, Eulalia se trasladó a El Escorial, posteriormente a Sevilla y más tarde a Madrid.

En 1886 contrajo matrimonio con su primo Antonio de Orleans, hijo de los duques de Montpensier, con el que tuvo tres hijos. A partir de ese momento comenzó a viajar por Europa, en funciones de representación oficial; dominaba el francés, inglés, alemán y el italiano.

En 1892, el presidente de Estados Unidos, Stephen  Grover Cleveland, cursó una invitación a la Familia Real española para que visitasen la Exposición Universal que se celebraba en Chicago, con motivo del IV centenario del descubrimiento de América. El gesto colocó al Gobierno español en un grave aprieto, pues si, por un lado, las relaciones con Estados Unidos eran tensas en esa época, por el otro, ningún miembro de la monarquía española había visitado la antigua América hispana a lo largo de la Historia. Se aceptó entonces la invitación, pero los viajeros deberían hacer escala en Canarias —donde tampoco había llegado ningún miembro de la Corona—, Puerto Rico y Cuba, todavía integradas en España. Llegados a este punto, la Familia Real y el Gobierno español decidieron que la persona idónea para realizar esta difícil misión era la infanta Eulalia, dado su talante y su preparación intelectual.

El viaje se convirtió en un acontecimiento histórico. Eulalia se había preparado concienzudamente para la tarea, para lo que se puso en contacto, ante el desconcierto de Cánovas, con los insurgentes cubanos que se encontraban desterrados en Madrid. Criticó, dentro de Palacio, la política del Gobierno español en Cuba, recogió los consejos de Maura y leyó la prensa cubana de todo signo. Cuando Eulalia desembarcó en el muelle de La Habana, las autoridades españolas y cubanas que la esperaban se quedaron estupefactas: la infanta lucía un vestido que combinaba los colores rojo, blanco y azul de la bandera independentista de los insurrectos.

En la isla, Eulalia se hizo cargo de los problemas reales de Cuba, a pesar de los esfuerzos del capitán general, Alejandro Rodríguez Arias, en presentarle solamente la panorámica oficial —el capitán general sufrió varias lipotimias durante la visita y falleció antes de finalizar el año—. En Washington, el presidente Cleveland y la sociedad americana la recibieron con todos los honores. El periplo americano se convirtió en un auténtico éxito de Eulalia, aunque más en el terreno personal que en el político. A su regreso a España, Eulalia sembró el desasosiego —tanto en Palacio como entre la clase política— con sus opiniones sobre la realidad cubana.

Desavenencias familiares y económicas con su marido, que llevaba una vida disipada, y algunos amores de la propia Eulalia, la llevaron en 1900 a trasladarse a vivir con su madre a París. Poco después anunció su deseo de separarse, lo que provocó un escándalo familiar. Eulalia se sentía asfixiada por la vida de la Corte madrileña, y se alejó de España. En 1911 se separó legalmente de su marido —fue el primer divorcio en la Familia Real española— y la ruptura con Alfonso XIII se hizo inevitable. De esta forma comenzó el peregrinar de Eulalia por las Cortes europeas, como invitada ilustre.

En el mismo año de su divorcio publicó en París su libro Au fil de la vie, al que la prensa conservadora española calificó de “inmoral”, “escandaloso” y “atentatorio contra la religión, la monarquía, las buenas costumbres y el orden establecido”, mientras que recibió los plácemes de los medios liberales y socialistas. El libro trata del socialismo y la clase obrera, defiende la dignidad de la mujer y el divorcio. Alfonso XIII entonces, por una real orden, le prohibió su entrada en España. Durante la Primera Guerra Mundial, Eulalia atendió a los heridos de la guerra en varios hospitales de París.

En 1922 regresó a España, hasta la llegada de la Segunda República que provocó los consiguientes trastornos en la Familia Real, que por fin se reunió de nuevo en París. En 1935 aparecieron las Memorias de la Infanta Eulalia de Borbón, que no fueron escritas enteramente por ella —y contienen algunos errores históricos—, a pesar de lo cual son del mayor interés. A partir de 1939 vivió en San Sebastián e Irún, gracias a los buenos oficios de Serrano Suñer, y a pesar de una inicial oposición de Franco. En 1946 publicó otro libro, titulado Para la mujer, en el que muestra su preocupación por el papel de la mujer en la sociedad, y en 1949 aparecieron sus Cartas a Isabel II. Mi viaje a Cuba y Estados Unidos, cuyo contenido resulta imprescindible para entender el separatismo de Cuba.

Falleció en su villa de Irún, y se halla enterrada en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial.


Obras de ~: Au fil de la vie, Paris, Société F. I. L., 1911; Memorias de Doña Eulalia de Borbón, Infanta de España, Barcelona, Juventud, 1935; Para la mujer, Barcelona, Hispano A.E., 1946; Cartas a Isabel II. Mi viaje a Cuba y Estados Unidos, Barcelona, Juventud, 1949; Doña Eulalia de Borbón, Infanta de España. Memoria, ed., introd. y notas de C. López Alonso, Madrid, Castalia, 1991.

Bibl.: D. M. Loynaz, Yo fui feliz en Cuba. Los días cubanos de la Infanta Eulalia, La Habana, Letras Cubanas, 1993; P. García Louapre, Eulalia de Borbón, Infanta de España. Lo que no dijo en sus Memorias, Madrid, C. Literaria, 1995; M. A. Serrano Monteavaro, “SAR la Infanta Eulalia de Borbón y el problema de Cuba”, en IV Simposio de Historia Marítima y Naval Iberoamericana, Madrid, Instituto de Historia y Cultura Naval, 1999; J. M. Zavala, La infanta republicana, Barcelona, Plaza y Janés, 2008.


Imagen: CC Wikimedia Commons. Originalmente de la revista francesa Femina Nº 161, del 1 de Octubre de 1907. 

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