Biografía escrita por Margarita Torres Sevilla-Quiñones, profesora de Historia Medieval en la Universidad de León


Sancho García. El de los Buenos Fueros. Conde de Castilla (III).

?, 965-967– 5.II.1017.

Primogénito de los varones nacidos del matrimonio entre García Fernández, conde de Castilla, y su esposa Ava de Ribagorza, debió de nacer poco después de la boda de sus padres en el 965, ya que sus primeras menciones documentales se datan a finales de la década de los sesenta de la décima centuria.

Durante los años 982-985, en los que tiene lugar la guerra civil entre el rey Ramiro III de León y el usurpador Vermudo Ordóñez, más tarde Vermudo II, la casa condal de Castilla encontró acomodo en el partido de este último, que acabó convirtiéndose en el único monarca leonés a partir de la desaparición a finales de junio del 985 de Ramiro III. Esta inclinación política se derivaba del parentesco existente entre el conde de Castilla y el ahora Soberano, ya que ambos eran tío y sobrino. Dentro de la misma dinámica relacional se hallaba en un primer momento el heredero de esta estirpe nobiliaria, Sancho García.

Entre los años 984 y 989, mientras el reino de León era atacado por las tropas del hayib (primer ministro) de Córdoba Ibn Abū Amīr, Castilla disfrutaba de un largo período de paz sin duda afianzado sobre algún tipo de pacto o tregua que no sería quebrado por ambas partes hasta entonces, y que sólo quedaría roto definitivamente debido al amparo que García Fernández de Castilla presta a ‘Abd Allāh, primogénito del hayib y cabecilla de una rebelión contra su padre. La respuesta de Almanzor no se hizo esperar y, después de una dura campaña contra Castilla, su conde se encontró forzado a entregar a ‘Abd Allāh en manos de los hombres de Ibn Abū Amīr, lo que le concederá dos nuevos años de paz: 991 y 992.

Precisamente en este contexto, a comienzos de junio del 991, tuvo lugar el primer choque entre el heredero de Castilla, Sancho García, y su padre y legítimo conde. Este alzamiento no encuentra otra explicación salvo las ambiciones del propio sucesor dispuesto a eliminar del poder a García Fernández, repitiendo un modelo de comportamiento semejante al de ‘Abd Allāh respecto a Almanzor.

Para frenar esta rebelión, el conde de Castilla ofreció la mano de su hija Elvira García al rey leonés Vermudo II, como forma no sólo de afianzar lazos entre ambos, Monarca y magnate, sino, sobre todo, de garantizar el apoyo de la Corona frente a las pretensiones de Sancho García. En el otoño de 991 tienen lugar los esponsales de Elvira y Vermudo II. Pocos meses más tarde, en la primavera o el verano del 992, como respuesta a esta alianza, el heredero del castellano acudió a Córdoba para entrevistarse con Ibn Abū Amīr y rogar su apoyo. Conseguido éste, se establecerá un peligroso binomio, Sancho García-Almanzor, operativo durante diferentes períodos de la vida de ambos.

De regreso a Castilla, en el 993, las tierras del condado estaban divididas entre dos lealtades: al legítimo gobernante y al joven heredero, que no dudó en intitularse en los diplomas conde de Castilla aún en vida de su padre. Así, la rebelión adquirió un cariz verdaderamente preocupante, castigada su frontera por las tropas andalusíes en el 993 (San Esteban de Gormaz) y 994 (San Esteban de Gormaz, Clunia) aprovechando de forma activa el distanciamiento entre padre e hijo. Por esas mismas fechas, Sancho García desposó a Urraca Gómez, hermana del jefe de la estirpe condal de Saldaña-Carrión.

Fruto de un desafortunado encuentro armado entre Langa y Alcozar (995), falleció García Fernández, cuya cabeza fue enviada a Córdoba como un trofeo de guerra, siendo recuperada años después por su heredero. Convertido en nuevo conde de Castilla, la actitud de Sancho difirió de la fiel línea de defensa de su progenitor en cuanto a las relaciones con Almanzor, pues oscilaría, en función de sus intereses, entre la alianza fruto de los pactos de colaboración o de sumisión y el ocasional desafío.

En el 995 comenzó una etapa de cinco años durante la cual no se documenta ni una sola agresión de Ibn Abū Amīr contra las tierras de Castilla, mientras que las cercanas de los Banū Gómez, entre el Cea y el Pisuerga, las ciudades de León y Astorga, o la misma sede apostólica de Compostela sufrieron los ataques de Almanzor. Este quinquenio de paz reafirmó la existencia de esos acuerdos de colaboración y sometimiento que evitaron al territorio regido por Sancho García la dureza de sufrir nuevas embestidas andalusíes. Como garantía del acuerdo, el ahora conde entregó a su hermana, Onega García de Castilla, como concubina de Almanzor. Con la seguridad de no sufrir nuevas embestidas andalusíes, Sancho García se ocupó de la reorganización interna de su condado.

En el 999 falleció uno de los hijos del conde, llamado Fernando Sánchez, y también Vermudo II de León. Su viuda, Elvira García de Castilla, hermana del conde Sancho, y su heredero, Alfonso, se convirtieron en los depositarios de la legitimidad dinástica. La minoría del sucesor, un niño de escasa edad, forzó a que se reunieran en asamblea los nobles de Galicia, Portugal, Asturias, León y Castilla. Fruto de la misma se confirmó al príncipe como nuevo rey, Alfonso V, y al magnate Menendo González como su tutor.

Durante esta fase que ahora se iniciaba, el castellano se encontraba junto a su sobrino, al igual que al jefe de la estirpe condal de Saldaña-Carrión. Consecuencia directa de esta alianza con la Monarquía, los nobles leoneses decidieron romper todo tipo de pactos con Almanzor y desafiarle a un encuentro armado. Esa coalición, en la que participaron también contingentes de tropas navarras, se enfrentó a Ibn Abū Amīr en la batalla denominada de Cervera (1000). Los Anales Castellanos Segundos y los Toledanos Primeros afirman que este enfrentamiento tuvo como objetivo al conde Sancho García de Castilla y al conde García Gómez de Saldaña-Carrión, de lo que se puede deducir que ambos representaban la máxima autoridad militar cristiana.

La derrota de Cervera supuso un punto de reflexión para el castellano. Durante 1001 se carece de noticias sobre este magnate, aunque las fuentes musulmanas apuntan hacia un nuevo acercamiento, tal vez forzado por las consecuencias de esta batalla, entre el conde y Almanzor hasta que el fallecimiento de este último en 1002 colocó en el lugar de su padre al nuevo hayib de al-Andalus, ‘Abd al-Malik, con quien mantuvo el castellano acuerdos semejantes a los ya sostenidos con su predecesor en el gobierno.

Fruto de esta alianza duradera hasta la muerte de ‘Abd al-Malik fue la presencia habitual de Sancho García en diversas campañas contra el reino de León y las tierras de los Banū Gómez, expediciones en las que, tal y como recuerdan las crónicas musulmanas y algunos documentos cristianos, tomó siempre parte activa mientras que otros antiguos aliados de los amiríes, como los Banū Gómez, han preferido regresar a la fidelidad debida a la Corona leonesa. Esta proximidad con el heredero de Almanzor garantizó la paz a Castilla, pero levantó no pocas voces discordantes respecto a esta política que llevaría al conde castellano a ser calificado por el monarca Alfonso V como tirano y conspirador en diversas ocasiones.

Las tensiones entre el tutor del rey niño y Sancho García llegarán hasta el extremo de recurrir a la intermediación de ‘Abd al-Malik, pues el castellano pretendía ejercer la tutela de su sobrino en detrimento del actual valedor, Menendo González. El juez enviado por el heredero de Ibn Abū Amīr sentenció a favor de Menendo, lo que enemistó a Sancho García con ‘Abd al-Malik, quien se vio obligado a emprender una campaña de castigo para corregir al castellano. Después de esta aceifa de 1004, el conde volvió a los pactos de sometimiento ya establecidos con al-Andalus hasta el año 1007.

En 1007, sin que se conozcan las razones, Sancho García se enemistó con el amirí y se convirtió en objetivo del hayib, que, durante la razzia conocida con el sobrenombre de expedición de Clunia o expedición de la victoria, derrotó tanto al castellano como a los aliados leoneses y navarros que se habían sumado a su bando. Sólo la muerte, en 1008, de ‘Abd al-Malik al- Mużaffar detuvo los ataques contra Castilla.

Su hermano ‘Abd al-Raűman Sanchuelo, convertido en heredero de ‘Abd al-Malik, consiguió del califa Hisam II los mismos honores y poder, sumando a éstos el nombramiento de sucesor, lo que provocó la cólera de los omeyas, que aprovecharon una expedición precisamente contra Castilla de este amirí para alzarse en rebelión. El posterior asesinato de Sanchuelo junto al conde Sancho Gómez de Saldaña-Carrión, puede considerarse con propiedad el inicio del período de guerras civiles que aceleraron la desmembración de al-Andalus en sultanatos taifas: la fitna.

Durante la misma, los diversos bandos omeyas, enfrentados entre sí por el poder y el trono de sus antepasados, buscaron la ayuda de los antiguos señores cristianos aliados de Almanzor, como los Banū Gómez o el conde de Castilla. El jefe de la estirpe condal de Saldaña, García Gómez, apodado en las crónicas musulmanas Ibn Mama Duna al-Qumis y en las fuentes cristianas “el que estaba con los musulmanes” desapareció de los diplomas leoneses en 1008 y 1009, lo que ratificó su presencia junto a una de las banderías en lucha. Pocos meses después, el castellano también encontró rentable el apoyo a otra de las facciones, la encabezada por Sulaymān b. al-Űakam, llegando a negociar la entrega de diversas plazas de frontera, lo que le fue concedido durante los años 1009-1011.

En la última fase de su vida, el conde de Castilla volvió a aparecer conspirando contra su sobrino el rey de León. Hacia 1013 se quebraron las relaciones entre ambos, manifestándose en abierta enemistad y rebelión por parte de Sancho García en 1014 y 1015. Al tiempo que Alfonso V acogía en León a las familias disidentes del conde castellano, como los descendientes de los Vela y los Herraméliz, dos estirpes condales alaveso-riojanas enfrentadas a Sancho, éste no dudó en recriminar este comportamiento a su Soberano y pariente y enfrentarse a él hasta el extremo de quedar recogidos en los documentos coevos este desafío abierto a la Corona cuando el Monarca describe la actitud de Sancho García con estas durísimas palabras: “infidelísimo y adversario que día y noche tramaba el mal contra nos”.

Buscando nuevas alianzas de estirpe, en 1016 el conde emprendió camino hacia Zaragoza, donde pactó el acuerdo matrimonial entre su hija Sancha y Berenguer Ramón de Barcelona en presencia de al- Munďir, emir de esas tierras del Ebro. Pocos meses después, el 5 de febrero de 1017, falleció el conde de Castilla. Sus restos mortales, conducidos al monasterio de San Salvador de Oña, reposaban junto a los de su mujer en el pórtico del templo. Actualmente, después de sufrir tres traslados a lo largo del tiempo, se hallan en el presbiterio de la iglesia.

Desposado con Urraca Gómez de Saldaña-Carrión, le sobrevivieron sus hijos García Sánchez, sucesor en el condado y muerto sin descendencia, Muniadomna —también llamada Mayor—, mujer del rey navarro Sancho III Garcés, Tigridia, abadesa de Oña, Sancha Sánchez, esposa del conde de Barcelona y Urraca, fallecida sin hijos de su enlace con Sancho Guillermo, duque de Gascuña.


Bibl.: J. Ruiz Asencio, “La rebelión de Sancho García, heredero del condado de Castilla”, en Hispania Sacra, vol. XXII, 43-44 (1969), págs. 31-67; J. Pérez de Urbel, El condado de Castilla. Los 300 años en que se hizo Castilla, Madrid, Siglo Ilustrado, 1969-1970, págs. 1-145; M. Torres Sevilla, Linajes nobiliarios en el Reino de León: parentesco, poder y mentalidad (siglos ixxiii), León, Universidad, 1997, págs. 188-190; “La frontera entre el reino de León y el califato de Córdoba: tratados de paz e intervenciones militares (939-1017)”, en III Estudios de Frontera. Convivencia, defensa y comunicación en la frontera, Jaén, Diputación Provincial, 2000, págs. 753-765; “Los aliados cristianos de Almanzor: las redes familiares como base del sistema clientelar amirí, Cuando las horas primeras”, en I Milenario de la batalla de Calatañazor, Soria, Imprenta Provincial, 2004, págs. 89-114; G. Martínez Díez, El condado de Castilla (711-1038), II, Valladolid, Marcial Pons, 2005, págs. 525-609 y 630-655.


Imagen  CC Flicker- Monasterio de San Salvador – Portada de acceso al patio del claustro, cortesía de Alberto albTotxo

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